Celebración, un verbo muy latino que nos gusta llevar a cabo

In Op-Eds by Esteban Fernandez

Dentro de la cultura latinoamericana celebrar, festejar, conmemorar, agasajar son sinónimos del mismo espíritu agradecido pero también colorido de un pueblo que pese a la opresión siempre elige festejar lo bueno, las alegrías. Cuando este pueblo se vuelve al Evangelio de Jesucristo, lo hace de una manera admirable, porque toma conciencia y una doble dimensión de lo que significa ser agradecido y feliz por las bendiciones de Dios. La celebraciones redundan y si bien se vuelven cotidianas, nunca dejan de ser especiales.

Como pueblo, latinos y no latinos, celebramos la Salvación que viene sólo por la preciosa sangre de Jesús. Salvación que no merecemos pero que poseemos como bien propio. Como tesoro invaluable. Y es que ¡es nuestra! Porque abrazamos la Cruz donde el hijo de Dios se sacrificó por la humanidad y todo su pecar. ¡Cómo no celebrar a Jesús, si por él somos salvos por y para siempre!

Hoy, después de dos mil años del hito histórico más importante de la humanidad, que fue el nacimiento de Jesús, lo celebramos. ¡Y claro! ¿Cómo no hacerlo? Sí por él fueron todas las cosas que conocemos. Es tan pero tan importante que cuando murió el velo del templo se rasgó. Con el peso y el cambio que este hecho significó para la cristiandad naciente. Hasta entonces, el velo separaba el Lugar Santísimo, donde moraba Dios, del lugar terreno donde se encontraba toda la humanidad. Sólo el Sumo Sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo y sólo en ocaciones especiales, justamente de celebración. Que ese velo se rajara y se partiera en dos significó que el puente entre Dios y los hombres fue, es y será Jesús. ¡Quiero pasar mi vida celebrando tan grande hecho! Celebro y agradezco infinitamente el sacrificio que hizo el Hijo de Dios.

Gracias a Jesús, dejamos también de ser ajenos para ser propios. Fuimos adoptados como hijos. Dios es nuestro padre y Jesús nuestro hermano. Entramos en otra dimensión, que es la dimensión de ser familia de Dios. Tanto bien me hace saber de donde vengo. Mi familia de origen nunca fue perfecta, pero sé quien fue mi padre y quien fue mi madre. Mi ADN está entremezclado con el de ellos y celebro haber sido su hijo.

En nuestras celebraciones latinas nunca falta la familia. Porque sentirnos “en casa”, en absoluta confianza, nos hace compartir todas nuestras vivencias. La familia nos da ese refugio especial donde sabemos que existe amor incondicional. Aunque el enemigo quiera arrebatarnos esta dicha, Dios nos ayuda a mantener unida a nuestra familia, en el vínculo del amor y de la paz. Suele ser una tarea difícil. Los temperamentos son fuertes, muchas veces. Es por eso que, cuando llegan las fiestas de fin de año, la navidad, una boda, un cumpleaños o aniversario la primer celebración es en la familia y para la familia. Quizás porque heredamos esa virtud de “la famiglia insieme – la familia unida”, nos gusta tener a todos los integrantes de nuestra familia sentados alrededor de una mesa. No es casual que Jesús reunió a los suyos, su familia, antes de morir para contarles lo que venía y para celebrar la Pascua, una gran fiesta judía, con su familia. Otra vez la celebración que nos circunde, nos rodea.

Y celebramos, como buenos latinos, la amistad. Celebramos poder ayudarnos unos a otros. En la ciudad donde vivo las comunidades latinas se juntan por país, pero en casa, en el templo donde se reúne la iglesia que es también familia, nos reunimos de diferentes países a celebrar a Dios cada domingo. Somos amigos entre nosotros, y extendemos la amistad a otros.

Cuando llega un mundial de fútbol, muchos nos reunimos a celebrar los goles del equipo que representa nuestros países de origen, o el de nuestro país que nos acoge con tanto amor. En mi país celebramos un apretón de manos, un mate convidado, un asado compartido, un encuentro de hombres que se hicieron amigos por conocer a Jesús y hacerlo nuestro Señor y seguro Salvador.

Celebrar para nosotros es justamente poder recordar aquellas cosas que son bendiciones a nuestras vidas. Festejamos las victorias frente a diferentes pruebas espirituales. Conmemoramos momentos históricos de nuestras comunidades de fe. También logros como los que hemos alcanzado en la Sociedad Bíblica Internacional. Llevamos más de 15 millones de copias distribuidoras de la Biblia Nueva Versión Internacional. Celebramos que sea la versión moderna más aceptada por el pueblo hispano. Celebramos que exista un hambre y sed de la Palabra de Dios, del conocimiento de su Gloria. Cada Biblia, cada porción bíblica, cada libro de Los Libros de la Biblia que usamos en Experiencia Bíblica en Comunidad son motivos sumamente importantes para celebrar y agradecer ser parte de este mover hacia las Sagradas Escrituras.

La Palabra de Dios tiene poder, un poder transformador. Un poder que cambia vidas, comunidades, países y confiamos que también a la humanidad toda. Anhelamos que cada persona que existe tenga una relación personal con Dios y tenga comunión con el Espíritu Santo. Cada vez que una Biblia sale de nuestros almacenes lo celebramos. Porque sabemos que su mensaje no vuelve vacío y que podemos ser parte de este movimiento transformador de millones de hombres y mujeres. Queremos seguir siendo parte de un engranaje que se aceita y corre, para producir más ejemplares de la Biblia. Para alcanzar más personas. Para celebrar todo el tiempo el fruto de la predicación. Somos devotos fervientes de Jesucristo, de Dios Padre y del Espíritu Santo, nos gusta trabajar para Dios. Lo hacemos con dedicación. Con una alegría profunda. Con la convicción plena que nuestras vidas son fruto de una celebración y que hacia una celebración mayor vamos.

Me gusta pensar en la mesa de la cual hablé más arriba. Jesús, los discípulos, los de entonces y los posteriores. Todos, como una sola familia compartiendo el pan y el vino. Pero ya no un sacramento para recordarlo, sino como celebración de haber cumplido la tarea encargada por Dios. ¡Celebremos a nuestro Dios!

Esteban Fernandez

Director Ejecutivo de Área, América Latina at Biblica, Latin America
Esteban es Licenciado en Teología por la Facultad de Estudios Teológicos y Religiosos de la Casa sobre la Roca, junto con un Doctor Honoris Causa en Literatura Sagrada, conferido por el Colegio Cristiano Logos y en la Consejería Cristiana por la Universidad Rhema. Antes de venir a Biblica, pasó 12 años como presidente de Vida Publishers, la división española de Zondervan.

Como Director Ejecutivo del Área de América Latina, Esteban es apasionado en sus esfuerzos por avanzar en la misión de Biblica, ayudando a las personas de toda la región a leer, entender y vivir la Palabra de Dios.

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