Salmo 3:1-8

Salmo 3

Salmo de David, cuando huía de su hijo Absalón.

Muchos son, Señor, mis enemigos;

muchos son los que se me oponen,

y muchos los que de mí aseguran:

«Dios no lo salvará». Selah

Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo;

tú eres mi gloria;

¡tú mantienes en alto mi cabeza!

Clamo al Señor a voz en cuello,

y desde su monte santo él me responde. Selah

Yo me acuesto, me duermo y vuelvo a despertar,

porque el Señor me sostiene.

No me asustan los numerosos escuadrones

que me acosan por doquier.

¡Levántate, Señor!

¡Ponme a salvo, Dios mío!

¡Rómpeles la quijada a mis enemigos!

¡Rómpeles los dientes a los malvados!

Tuya es, Señor, la salvación;

¡envía tu bendición sobre tu pueblo! Selah

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