O Livro

1 Samuel 9

Saul procura Samuel

11/2 Cis era um homem rico e influente da tribo de Benjamim. Era filho de Abiel, neto de Zeror e bisneto de Becorate e ainda trineto de Afias. Tinha um filho, Saul, que era o moço mais bem parecido que havia em Israel. Em altura, ultrapassava acima dos ombros fosse quem fosse de entre os seus concidadãos.

3/5 Um dia aconteceu que os jumentos de Cis se extraviaram; então mandou Saul com um criado à procura deles. Percorreram toda a zona das colinas de Efraim, mais a terra de Salisa, e ainda a área de Saalim, assim como todo o território de Benjamim, mas não os encontraram. Finalmente, depois de os terem procurado na terra de Zufe, Saul disse para o criado: “Vamos embora; a esta hora meu pai deve estar mais preocupado connosco do que com os jumentos!”

Mas o moço respondeu-lhe: “Eu pensei numa coisa! Há um profeta que vive aqui nesta terra; é tido em grande consideração por todo o povo, porque tudo quanto diz é verdade; vamos ter com ele, talvez possa indicar-nos alguma pista para encontrarmos os animais.”

“Mas é que não temos aqui nada com que lhe pagar”, replicou Saul. “Até a comida que trazíamos se acabou já; não temos mais nada.”

“Bom, eu tenho aqui uma moeda de prata; podemos ao menos oferecer-lhe isto, e logo se vê o que acontece.”

9/11 “Está bem”, concordou Saul, “vamos tentar.” E dirigiram-se para a povoação onde vivia o profeta. Enquanto subiam a encosta em direcção à localidade, viram umas raparigas que saíam da povoação à procura de água, e perguntaram-lhe se o vidente estava na cidade. (Naqueles dias os profetas eram chamados videntes. As pessoas diziam que iam consultar o vidente, e não consultar o profeta, como dizemos hoje.)

12/13 “Sim”, responderam elas, “vão sempre por esse caminho, porque vai direito à casa dele. Ele mora mesmo da parte de dentro da entrada da povoação. Acabou agora mesmo de chegar de fora e tem de estar presente num sacrifício público, no alto da colina. Por isso despachem-se porque deve estar mesmo a sair de casa; os convidados habitualmente não começam a comer sem que ele chegue e abençoe os alimentos.”

14 Entraram na cidade e, ao passarem a entrada, viram precisamente Samuel que saía para ir ao alto da colina. 15 Samuel aliás estava prevenido. O Senhor tinha dito no dia anterior: 16 “Amanhã, por esta altura, vou-te mandar um homem da terra de Benjamim. Deverás ungi-lo como chefe do meu povo. Ele livrá-lo-á dos filisteus. Olhei para o meu povo com misericórdia, e ouvi o seu choro.”

17 Quando Samuel viu Saul, o Senhor disse-lhe: “É este o homem de quem te falei! Ele regerá o meu povo.”

18 Nesse preciso momento Saul aproximou-se de Samuel e perguntou-lhe: “Diz-me por favor onde é a casa do vidente.”

19/20 “Sou eu o vidente”, replicou Samuel. “Sobe a colina à minha frente e comeremos juntos; amanhã dir-te-ei o que pretendes saber e poderás ir-te embora. Entretanto não te preocupes mais com os jumentos que se perderam há já três dias, porque já foram achados. De qualquer maneira, és tu que tens na mão os destinos de Israel, a partir de agora!”

21 “Perdão, senhor”, replicou Saul. “Eu sou da tribo de Benjamim, a mais pequena de Israel, e a minha família é a menos importante de todas as tribos. Deves ter-te enganado!”

22 Contudo Samuel levou Saul e o moço para a sala do banquete e fê-los sentarem-se à cabeceira da mesa, dando-lhe um lugar de honra acima dos outros trinta convidados especiais. 23 Samuel entretanto tinha já dado ordens ao cozinheiro para reservar o melhor pedaço da carne, destinada ao convidado de honra. 24 O cozinheiro trouxe-a então e pô-la diante de Saul. “Vá, come”, disse-lhe Samuel, “foi para ti que a mandei reservar, mesmo antes de ter convidado estes outros.” Saul comeu na companhia de Samuel.

25 Depois daquela celebração, quando regressavam à cidade, Samuel trouxe Saul para o terraço sobre a casa e esteve ali a conversar com ele. 26 Ao romper do dia seguinte, chamou-o: “Levanta-te; tens de te pôr já a caminho.” Saul levantou-se e preparou-se, e Samuel acompanhou-o até à saída da cidade. 27 Quando chegaram às muralhas disse a Saul que mandasse o criado à frente, e dirigiu-se-lhe nestes termos: “Recebi da parte do Senhor uma mensagem especial para ti.”

Nueva Versión Internacional

1 Samuel 9

Samuel unge a Saúl

1Había un hombre de la tribu de Benjamín, muy respetado, cuyo nombre era Quis hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, también benjaminita. Quis tenía un hijo llamado Saúl, que era buen mozo y apuesto como ningún otro israelita, tan alto que los demás apenas le llegaban al hombro.

En cierta ocasión se extraviaron las burras de su padre Quis, y este le dijo a Saúl: «Toma a uno de los criados y ve a buscar las burras». Saúl y el criado se fueron y cruzaron la sierra de Efraín, hasta pasar por la región de Salisá, pero no las encontraron. Pasaron también por la región de Salín, y después por el territorio de Benjamín, pero tampoco allí las encontraron. Cuando llegaron al territorio de Zuf, Saúl le dijo al criado que lo acompañaba:

—Vámonos. Debemos regresar, no sea que mi padre comience a preocuparse más por nosotros que por las burras.

El criado le contestó:

—En este pueblo vive un hombre de Dios que es muy famoso. Todo lo que dice se cumple sin falta. ¿Por qué no vamos allá? A lo mejor nos indica el camino que debemos seguir.

—Pero, si vamos, ¿qué le podemos llevar? —preguntó Saúl—. En las alforjas no nos queda nada de comer, ni tenemos ningún regalo que ofrecerle al hombre de Dios. ¡Qué tenemos!

—Aquí tengo casi tres gramos[a] de plata —respondió el criado—. Se los puedo dar al hombre de Dios para que nos indique el camino.

(Antiguamente, cuando alguien en Israel iba a consultar a Dios, solía decir: «Vamos a ver al vidente», porque así se le llamaba entonces al que ahora se le llama profeta).

10 —Muy bien —dijo Saúl—, vamos.

Dicho esto, se dirigieron al pueblo donde vivía el hombre de Dios. 11 Subían por la cuesta de la ciudad cuando se encontraron con unas jóvenes que iban a sacar agua. Les preguntaron:

—¿Se encuentra por aquí el vidente?

12 —Sí, está más adelante —contestaron ellas—. Dense prisa, que acaba de llegar a la ciudad, y el pueblo va a ofrecer un sacrificio en el santuario del cerro. 13 Cuando entren en la ciudad lo encontrarán, si llegan antes de que suba al santuario para comer. La gente no empezará a comer hasta que él llegue, pues primero tiene que bendecir el sacrificio, y luego los invitados comerán. Así que vayan de inmediato, que hoy mismo lo van a encontrar.

14 Saúl y su criado se dirigieron entonces a la ciudad. Iban entrando cuando Samuel se encontró con ellos, camino al santuario del cerro.

15 Un día antes de que Saúl llegara, el Señor le había hecho esta revelación a Samuel: 16 «Mañana, a esta hora, te voy a enviar un hombre de la tierra de Benjamín. Lo ungirás como gobernante de mi pueblo Israel, para que lo libre del poder de los filisteos. Me he compadecido de mi pueblo, pues sus gritos de angustia han llegado hasta mí». 17 Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «Ahí tienes al hombre de quien te hablé; él gobernará a mi pueblo».

18 Al llegar a la puerta de la ciudad, Saúl se acercó a Samuel y le preguntó:

—¿Podría usted indicarme dónde está la casa del vidente?

19 —Yo soy el vidente —respondió Samuel—. Acompáñame al santuario del cerro, que hoy comerán ustedes conmigo. Ya mañana, cuando te deje partir, responderé a todas tus inquietudes. 20 En cuanto a las burras que se te perdieron hace tres días, ni te preocupes, que ya las encontraron.

Y agregó:

—Lo que Israel más desea, ¿no tiene que ver contigo y con toda la familia de tu padre?

21 —¿Por qué me dices eso? —respondió Saúl—. ¿No soy yo de la tribu de Benjamín, que es la más pequeña de Israel? ¿Y no es mi familia la más insignificante de la tribu de Benjamín?

22 No obstante, Samuel tomó a Saúl y a su criado, los llevó al salón y les dio un lugar especial entre los invitados, que eran unos treinta. 23 Luego Samuel le dijo al cocinero:

—Trae la ración de carne que te pedí que apartaras, y que yo mismo te entregué.

24 El cocinero sacó un pernil entero, y se lo sirvió a Saúl. Entonces Samuel dijo:

—Ahí tienes lo que estaba reservado para ti. Come, pues antes de invitar a los otros, tu ración ya había sido apartada para esta ocasión.

Así fue como Saúl comió aquel día con Samuel. 25 Luego bajaron del santuario a la ciudad, y Samuel conversó con Saúl en la azotea de su casa. 26 Al amanecer, a la hora de levantarse, Samuel habló con Saúl en ese mismo lugar:

—¡Levántate! —le dijo—; ya debes partir.

Saúl se levantó, y salieron de la casa juntos. 27 Mientras se dirigían a las afueras de la ciudad, Samuel le dijo a Saúl:

—Dile al criado que se adelante, pero tú quédate un momento, que te voy a dar un mensaje de parte de Dios.

El criado se adelantó.

Notas al pie

  1. 9:8 casi tres gramos. Lit. un cuarto de siclo.