Spanish, Castilian (La Nueva Biblia al Día)

Matthew 16

Le piden a Jesús una señal

Mr 8:11-21

1Un día fueron los fariseos y los saduceos adonde estaba Jesús, y con intención de ponerlo a prueba le pidieron que les mostrase una señal milagrosa del cielo.

2Él les respondió diciendo:

—Vosotros, cuando anochece y el cielo tiene arreboles, decís: “Va a hacer buen tiempo”; 3pero si los arreboles los tiene por la mañana el cielo nublado, decís: “Hoy va a haber tormenta”. Así pues, vosotros sabéis interpretar los diversos aspectos del cielo, ¡pero no sois capaces de distinguir las señales de los tiempos! 4Esta generación perversa y adúltera pide señales milagrosas, pero no verá más señal que la señal del profeta Jonás.

Habiendo dicho esto, Jesús los dejó y se fue de allí.

La levadura de los fariseos y de los saduceos

5Al llegar al otro lado del lago, los discípulos advirtieron que se habían olvidado de llevar pan. Y Jesús les dijo:

6—Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.

7Los discípulos pensaron para sus adentros que él había dicho esto porque se habían olvidado de llevar pan. 8Pero Jesús, que sabía lo que estaban pensando, les dijo:

—Hombres de poca fe, ¿por qué estáis tan preocupados a causa de la comida? 9¿Cuándo llegaréis a entender las cosas? ¿No recordáis ya los cinco panes repartidos entre cinco mil hombres, y cuántas cestas de trozos sobrantes recogisteis? 10¿Ni tampoco recordáis los siete panes repartidos entre cuatro mil, y cuántas canastas de trozos sobrantes recogisteis? 11¿Cómo no entendéis que no me refería al pan, cuando os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?

12Entonces, por fin, comprendieron que Jesús no les había dicho que se guardaran de la levadura del pan, sino de las enseñanzas de los fariseos y de los saduceos.

La confesión de Pedro

Mr 8:27-29; Lc 9:18-20

13Al llegar a Cesarea de Filipo, preguntó a los discípulos:

—¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

14Ellos le respondieron:

—Hay quienes creen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; y otros, que es Jeremías o alguno de los demás profetas.

15—Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

16Respondió entonces Simón Pedro, diciendo:

—¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!

17Le dijo Jesús:

—Dichoso eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ningún ser humano, sino mi Padre que está en los cielos. “ 18Ahora presta atención: tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán contra ella. 19Te daré las llaves del reino de los cielos: lo que tú ates en la tierra, quedará atado en los cielos; y lo que tú desates en la tierra, en los cielos quedará desatado.

20Después les ordenó que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

Jesús predice su muerte

Mr 8:31–9:1; Lc 9:22-27

21A partir de aquel momento, Jesús empezó a decir con toda claridad a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén, y sufrir mucho a manos de los dirigentes judíos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto y resucitar al tercer día. 22Pedro entonces, llevándolo aparte, comenzó a reconvenirle:

—¡Señor, ten compasión de ti mismo y no permitas que nada de eso te suceda!

23Pero Jesús, volviéndose, contestó a Pedro:

—¡Quítate de mi presencia, Satanás! ¡Eres para mí como una piedra donde puedo tropezar, porque no prestas atención a las cosas de Dios, sino únicamente a las cosas de los hombres!

24Luego añadió Jesús a sus discípulos:

—Mirad, si alguno quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25Porque todo aquel que pretenda salvar su vida, la perderá; en cambio, cualquiera que pierda la vida por causa de mí, la encontrará. 26¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su propia alma? ¿O qué podría pagar un hombre por salvar su alma? “ 27Pero un día vendrá el Hijo del hombre en la gloria de su Padre celestial, y los ángeles con él, y entonces pagará a cada cual de acuerdo con las obras que haya realizado. 28Ahora bien, yo os aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin antes haber visto al Hijo del hombre venir como rey.

La transfiguración

Lc 9:28-36

Mr 9:2-13