The Message

Psalm 104

11-14 O my soul, bless God!

God, my God, how great you are!
    beautifully, gloriously robed,
Dressed up in sunshine,
    and all heaven stretched out for your tent.
You built your palace on the ocean deeps,
    made a chariot out of clouds and took off on wind-wings.
You commandeered winds as messengers,
    appointed fire and flame as ambassadors.
You set earth on a firm foundation
    so that nothing can shake it, ever.
You blanketed earth with ocean,
    covered the mountains with deep waters;
Then you roared and the water ran away—
    your thunder crash put it to flight.
Mountains pushed up, valleys spread out
    in the places you assigned them.
You set boundaries between earth and sea;
    never again will earth be flooded.
You started the springs and rivers,
    sent them flowing among the hills.
All the wild animals now drink their fill,
    wild donkeys quench their thirst.
Along the riverbanks the birds build nests,
    ravens make their voices heard.
You water the mountains from your heavenly cisterns;
    earth is supplied with plenty of water.
You make grass grow for the livestock,
    hay for the animals that plow the ground.

14-23 Oh yes, God brings grain from the land,
    wine to make people happy,
Their faces glowing with health,
    a people well-fed and hearty.
God’s trees are well-watered—
    the Lebanon cedars he planted.
Birds build their nests in those trees;
    look—the stork at home in the treetop.
Mountain goats climb about the cliffs;
    badgers burrow among the rocks.
The moon keeps track of the seasons,
    the sun is in charge of each day.
When it’s dark and night takes over,
    all the forest creatures come out.
The young lions roar for their prey,
    clamoring to God for their supper.
When the sun comes up, they vanish,
    lazily stretched out in their dens.
Meanwhile, men and women go out to work,
    busy at their jobs until evening.

24-30 What a wildly wonderful world, God!
    You made it all, with Wisdom at your side,
    made earth overflow with your wonderful creations.
Oh, look—the deep, wide sea,
    brimming with fish past counting,
    sardines and sharks and salmon.
Ships plow those waters,
    and Leviathan, your pet dragon, romps in them.
All the creatures look expectantly to you
    to give them their meals on time.
You come, and they gather around;
    you open your hand and they eat from it.
If you turned your back,
    they’d die in a minute—
Take back your Spirit and they die,
    revert to original mud;
Send out your Spirit and they spring to life—
    the whole countryside in bloom and blossom.

31-32 The glory of God—let it last forever!
    Let God enjoy his creation!
He takes one look at earth and triggers an earthquake,
    points a finger at the mountains, and volcanoes erupt.

33-35 Oh, let me sing to God all my life long,
    sing hymns to my God as long as I live!
Oh, let my song please him;
    I’m so pleased to be singing to God.
But clear the ground of sinners—
    no more godless men and women!

O my soul, bless God!

Nueva Versión Internacional

Salmos 104

1¡Alaba, alma mía, al Señor!

Señor mi Dios, tú eres grandioso;
    te has revestido de gloria y majestad.
Te cubres[a] de luz como con un manto;
    extiendes los cielos como un velo.
Afirmas sobre las aguas tus altos aposentos
    y haces de las nubes tus carros de guerra.
    ¡Tú cabalgas en las alas del viento!
Haces de los vientos tus mensajeros,[b]
    y de las llamas de fuego tus servidores.

Tú pusiste la tierra sobre sus cimientos,
    y de allí jamás se moverá;
la revestiste con el mar,
    y las aguas se detuvieron sobre los montes.
Pero a tu reprensión huyeron las aguas;
    ante el estruendo de tu voz se dieron a la fuga.
Ascendieron a los montes,
    descendieron a los valles,
    al lugar que tú les asignaste.
Pusiste una frontera que ellas no pueden cruzar;
    ¡jamás volverán a cubrir la tierra!

10 Tú haces que los manantiales
    viertan sus aguas en las cañadas,
    y que fluyan entre las montañas.
11 De ellas beben todas las bestias del campo;
    allí los asnos monteses calman su sed.
12 Las aves del cielo anidan junto a las aguas
    y cantan entre el follaje.
13 Desde tus altos aposentos riegas las montañas;
    la tierra se sacia con el fruto de tu trabajo.
14 Haces que crezca la hierba para el ganado,
    y las plantas que la gente cultiva
    para sacar de la tierra su alimento:
15 el vino que alegra el corazón,
    el aceite que hace brillar el rostro,
    y el pan que sustenta la vida.
16 Los árboles del Señor están bien regados,
    los cedros del Líbano que él plantó.
17 Allí las aves hacen sus nidos;
    en los cipreses tienen su hogar las cigüeñas.
18 En las altas montañas están las cabras monteses,
    y en los escarpados peñascos tienen su madriguera los tejones.

19 Tú hiciste[c] la luna, que marca las estaciones,
    y el sol, que sabe cuándo ocultarse.
20 Tú traes la oscuridad, y cae la noche,
    y en sus sombras se arrastran los animales del bosque.
21 Los leones rugen, reclamando su presa,
    exigiendo que Dios les dé su alimento.
22 Pero al salir el sol se escabullen,
    y vuelven a echarse en sus guaridas.
23 Sale entonces la gente a cumplir sus tareas,
    a hacer su trabajo hasta el anochecer.

24 ¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras!
    ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría!
    ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!
25 Allí está el mar, ancho e infinito,[d]
    que abunda en animales, grandes y pequeños,
    cuyo número es imposible conocer.
26 Allí navegan los barcos y se mece Leviatán,
    que tú creaste para jugar con él.

27 Todos ellos esperan de ti
    que a su tiempo les des su alimento.
28 Tú les das, y ellos recogen;
    abres la mano, y se colman de bienes.
29 Si escondes tu rostro, se aterran;
    si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo.
30 Pero, si envías tu Espíritu, son creados,
    y así renuevas la faz de la tierra.

31 Que la gloria del Señor perdure eternamente;
    que el Señor se regocije en sus obras.
32 Él mira la tierra y la hace temblar;
    toca los montes y los hace echar humo.

33 Cantaré al Señor toda mi vida;
    cantaré salmos a mi Dios mientras tenga aliento.
34 Quiera él agradarse de mi meditación;
    yo, por mi parte, me alegro en el Señor.
35 Que desaparezcan de la tierra los pecadores;
    ¡que no existan más los malvados!

¡Alaba, alma mía, al Señor!

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor![e]

Notas al pie

  1. 104:2 Te cubres. Lit. Él se cubre.
  2. 104:4 mensajeros. Alt. ángeles.
  3. 104:19 Tú hiciste. Lit. Él hace.
  4. 104:25 infinito. Lit. amplio de manos.
  5. 104:35 En LXX este verso aparece al principio del Salmo 105.