The Message

Job 1

11-3 Job was a man who lived in Uz. He was honest inside and out, a man of his word, who was totally devoted to God and hated evil with a passion. He had seven sons and three daughters. He was also very wealthy—seven thousand head of sheep, three thousand camels, five hundred teams of oxen, five hundred donkeys, and a huge staff of servants—the most influential man in all the East!

4-5 His sons used to take turns hosting parties in their homes, always inviting their three sisters to join them in their merrymaking. When the parties were over, Job would get up early in the morning and sacrifice a burnt offering for each of his children, thinking, “Maybe one of them sinned by defying God inwardly.” Job made a habit of this sacrificial atonement, just in case they’d sinned.

The First Test: Family and Fortune

6-7 One day when the angels came to report to God, Satan, who was the Designated Accuser, came along with them. God singled out Satan and said, “What have you been up to?”

Satan answered God, “Going here and there, checking things out on earth.”

God said to Satan, “Have you noticed my friend Job? There’s no one quite like him—honest and true to his word, totally devoted to God and hating evil.”

9-10 Satan retorted, “So do you think Job does all that out of the sheer goodness of his heart? Why, no one ever had it so good! You pamper him like a pet, make sure nothing bad ever happens to him or his family or his possessions, bless everything he does—he can’t lose!

11 “But what do you think would happen if you reached down and took away everything that is his? He’d curse you right to your face, that’s what.”

12 God replied, “We’ll see. Go ahead—do what you want with all that is his. Just don’t hurt him.” Then Satan left the presence of God.

13-15 Sometime later, while Job’s children were having one of their parties at the home of the oldest son, a messenger came to Job and said, “The oxen were plowing and the donkeys grazing in the field next to us when Sabeans attacked. They stole the animals and killed the field hands. I’m the only one to get out alive and tell you what happened.”

16 While he was still talking, another messenger arrived and said, “Bolts of lightning struck the sheep and the shepherds and fried them—burned them to a crisp. I’m the only one to get out alive and tell you what happened.”

17 While he was still talking, another messenger arrived and said, “Chaldeans coming from three directions raided the camels and massacred the camel drivers. I’m the only one to get out alive and tell you what happened.”

18-19 While he was still talking, another messenger arrived and said, “Your children were having a party at the home of the oldest brother when a tornado swept in off the desert and struck the house. It collapsed on the young people and they died. I’m the only one to get out alive and tell you what happened.”

20 Job got to his feet, ripped his robe, shaved his head, then fell to the ground and worshiped:

21 Naked I came from my mother’s womb,
    naked I’ll return to the womb of the earth.
God gives, God takes.
    God’s name be ever blessed.

22 Not once through all this did Job sin; not once did he blame God.

Nueva Versión Internacional (Castilian)

Job 1

Prólogo

1En la región de Uz había un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal. Este hombre se llamaba Job. Tenía siete hijos y tres hijas; era dueño de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, y su servidumbre era muy numerosa. Entre todos los habitantes del oriente era el personaje de mayor renombre.

Sus hijos acostumbraban a turnarse para celebrar banquetes en sus respectivas casas, e invitaban a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Una vez terminado el ciclo de los banquetes, Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran. Muy de mañana ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba: «Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido[a] en su corazón a Dios». Para Job esta era una costumbre cotidiana.

Primera prueba de Job

Llegó el día en que los ángeles[b] debían hacer acto de presencia ante el Señor, y con ellos se presentó también Satanás. Y el Señor le preguntó:

―¿De dónde vienes?

―Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro —le respondió Satanás.

―¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job? —volvió a preguntarle el Señor—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal.

Satanás replicó:

―¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio? 10 ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra. 11 Pero extiende la mano y quítale todo lo que posee, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!

12 ―Muy bien —le contestó el Señor—. Todas sus posesiones están en tus manos, con la condición de que a él no le pongas la mano encima.

Dicho esto, Satanás se retiró de la presencia del Señor.

13 Llegó el día en que los hijos y las hijas de Job celebraban un banquete en casa de su hermano mayor. 14 Entonces un mensajero llegó y le dijo a Job: «Mientras los bueyes araban y los asnos pastaban por allí cerca, 15 nos atacaron los de Sabá y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Solo yo pude escapar, y ahora vengo a contártelo!»

16 No había terminado de hablar este mensajero cuando llegó otro y dijo: «Del cielo cayó un rayo que calcinó a las ovejas y a los criados. ¡Solo yo pude escapar para venir a contártelo!»

17 No había terminado de hablar este mensajero cuando otro más llegó y dijo: «Unos salteadores caldeos vinieron y, dividiéndose en tres grupos, se apoderaron de los camellos y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Solo yo pude escapar, y ahora vengo a contártelo!»

18 Aún no había terminado de hablar este mensajero cuando otro llegó y dijo: «Tus hijos e hijas estaban celebrando un banquete[c] en casa del mayor de todos ellos 19 y, de pronto, un fuerte viento del desierto dio contra la casa y derribó sus cuatro esquinas. ¡La casa cayó sobre los jóvenes, y todos murieron! ¡Solo yo pude escapar, y ahora vengo a contártelo!»

20 En ese momento, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, y luego, abatido, cayó al suelo en actitud de adoración. 21 Entonces dijo:

«Desnudo salí del vientre de mi madre,
    y desnudo he de partir.[d]
El Señor ha dado; el Señor ha quitado.
    ¡Bendito sea el nombre del Señor

22 A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios.[e]

Notas al pie

  1. 1:5 maldecido. Lit. bendecido; este eufemismo se usa también en 1:11; 2:5,9.
  2. 1:6 ángeles. Lit. hijos de Dios.
  3. 1:18 celebrando un banquete. Lit. comiendo y bebiendo vino.
  4. 1:21 he de partir. Alt. he de volver allí.
  5. 1:22 ni le echó la culpa a Dios. Lit. ni dio oración a Dios; véase nota en 1:5.