The Message

2 Corinthians 1

11-2 I, Paul, have been sent on a special mission by the Messiah, Jesus, planned by God himself. I write this to God’s congregation in Corinth, and to believers all over Achaia province. May all the gifts and benefits that come from God our Father and the Master, Jesus Christ, be yours! Timothy, someone you know and trust, joins me in this greeting.

The Rescue

3-5 All praise to the God and Father of our Master, Jesus the Messiah! Father of all mercy! God of all healing counsel! He comes alongside us when we go through hard times, and before you know it, he brings us alongside someone else who is going through hard times so that we can be there for that person just as God was there for us. We have plenty of hard times that come from following the Messiah, but no more so than the good times of his healing comfort—we get a full measure of that, too.

6-7 When we suffer for Jesus, it works out for your healing and salvation. If we are treated well, given a helping hand and encouraging word, that also works to your benefit, spurring you on, face forward, unflinching. Your hard times are also our hard times. When we see that you’re just as willing to endure the hard times as to enjoy the good times, we know you’re going to make it, no doubt about it.

8-11 We don’t want you in the dark, friends, about how hard it was when all this came down on us in Asia province. It was so bad we didn’t think we were going to make it. We felt like we’d been sent to death row, that it was all over for us. As it turned out, it was the best thing that could have happened. Instead of trusting in our own strength or wits to get out of it, we were forced to trust God totally—not a bad idea since he’s the God who raises the dead! And he did it, rescued us from certain doom. And he’ll do it again, rescuing us as many times as we need rescuing. You and your prayers are part of the rescue operation—I don’t want you in the dark about that either. I can see your faces even now, lifted in praise for God’s deliverance of us, a rescue in which your prayers played such a crucial part.

12-14 Now that the worst is over, we’re pleased we can report that we’ve come out of this with conscience and faith intact, and can face the world—and even more importantly, face you with our heads held high. But it wasn’t by any fancy footwork on our part. It was God who kept us focused on him, uncompromised. Don’t try to read between the lines or look for hidden meanings in this letter. We’re writing plain, unembellished truth, hoping that you’ll now see the whole picture as well as you’ve seen some of the details. We want you to be as proud of us as we are of you when we stand together before our Master Jesus.

15-16 Confident of your welcome, I had originally planned two great visits with you—coming by on my way to Macedonia province, and then again on my return trip. Then we could have had a bon-voyage party as you sent me off to Judea. That was the plan.

17-19 Are you now going to accuse me of being flip with my promises because it didn’t work out? Do you think I talk out of both sides of my mouth—a glib yes one moment, a glib no the next? Well, you’re wrong. I try to be as true to my word as God is to his. Our word to you wasn’t a careless yes canceled by an indifferent no. How could it be? When Silas and Timothy and I proclaimed the Son of God among you, did you pick up on any yes-and-no, on-again, off-again waffling? Wasn’t it a clean, strong Yes?

20-22 Whatever God has promised gets stamped with the Yes of Jesus. In him, this is what we preach and pray, the great Amen, God’s Yes and our Yes together, gloriously evident. God affirms us, making us a sure thing in Christ, putting his Yes within us. By his Spirit he has stamped us with his eternal pledge—a sure beginning of what he is destined to complete.

23 Now, are you ready for the real reason I didn’t visit you in Corinth? As God is my witness, the only reason I didn’t come was to spare you pain. I was being considerate of you, not indifferent, not manipulative.

24 We’re not in charge of how you live out the faith, looking over your shoulders, suspiciously critical. We’re partners, working alongside you, joyfully expectant. I know that you stand by your own faith, not by ours.

Spanish, Castilian (La Nueva Biblia al Día)

2 Corinthians 1

1Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en la ciudad de Corinto y a todos los que son parte del pueblo de Dios en toda la región de Acaya. 2Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

El Dios de toda consolación

3¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre lleno de misericordia y Dios de todo consuelo! 4Él nos da siempre el aliento que necesitamos para superar toda tribulación y para que, de la misma manera que él nos anima y consuela, también nosotros seamos capaces de consolar a otros que se encuentren atribulados.

5Porque mientras más sufrimos por causa de Cristo, más es el consuelo y el aliento que de Cristo recibimos. 6Pero tened en cuenta que, si hemos de afrontar duras pruebas, es porque tratamos de llevaros consuelo y salvación, y que si Dios nos anima en medio de nuestras tribulaciones, también es para que os llevemos consuelo y salvación, aunque todo ello lo hayáis de recibir padeciendo las mismas pruebas que nosotros padecemos. 7Pero acerca de vosotros tenemos la firme esperanza de que, así como sois compañeros nuestros en la tribulación, así también lo sois en el consuelo y aliento que proceden de Dios.

8Creo, hermanos, que no debéis ignorar los problemas a los que tuvimos que hacer frente en Asia. Hasta tal punto fueron abrumadores, que nos parecían imposibles de soportar; incluso llegó un momento en que perdimos la esperanza de salir de allí con vida, “ 9pues nos veíamos como sentenciados a muerte, sin posibilidad alguna de escapar. Sin embargo, aquella tribulación vino a redundar en nuestro propio beneficio, porque toda nuestra confianza la pusimos entonces en el único que podía salvarnos, en Dios, cuyo poder alcanza hasta resucitar a los muertos. 10Él vino en nuestro socorro, y nos libró de la muerte; y en él esperamos que siga librándonos ahora y siempre que sea necesario. 11Respecto a esto, nos consta que estáis cooperando en nuestro favor con vuestras oraciones, y que sois muchos los que vais a agradecerle a Dios el don que hemos recibido, gracias igualmente a la intercesión de muchos de vosotros.

Pablo cambia de planes

12Esto nos enorgullece: que nuestra conciencia no nos acusa de nada en relación con vosotros, y que, así como en el mundo nos hemos conducido con sencillez y sinceridad, así lo hemos hecho también, y aun mucho más, respecto de vosotros. Todo ello sin apelar a la humana sabiduría, sino sólo por la gracia de Dios. 13Las cartas que os hemos escrito han sido directas y sinceras, sin doble fondo, sin deciros en ellas nada que vosotros no podáis leer o entender; y eso es lo que espero: que las entendáis en todo momento, “ 14para que el día en que el Señor Jesús regrese podáis sentiros plenamente orgullosos de nosotros, y nosotros de vosotros.

15Tan seguro estaba de vuestra comprensión, que había pensado visitaros primero a vosotros, a fin de daros una segunda oportunidad. 16Después de esto, mi intención era seguir viajando hacia Macedonia, y de allí, a mi vuelta, pasar a veros de nuevo, para que luego vosotros me pusierais en camino a Judea.

17Esto es lo que me había propuesto, pero ¿quizá lo pensé con excesiva ligereza? ¿O es que acaso no conté con la voluntad de Dios, sino que anduve titubeando y diciendo “sí” cuando antes decía “no”?... 18¡Nada de eso! Dios, que es fiel, sabe que al escribiros no hemos vacilado entre el sí y el no, sino que al decir “sí” decimos sí, y al decir “no” decimos no. “ 19Porque Jesucristo, el Hijo de Dios, no representa ningún titubeo; ni tampoco es un “Sí” y un “No” simultáneos, dado que él es el “Sí” de Dios, aquel a quien yo, y también Timoteo y Silvano, os hemos predicado. 20En Cristo, todas las promesas de Dios son “Sí” y “Amén”; es decir, están confirmadas. Y para gloria de Dios se cumplen en nosotros, los que somos de Cristo, 21en quien Dios mismo, a vosotros y a nosotros, nos confirma y consagra mediante el Espíritu Santo, 22que es el sello y la garantía de que somos parte de la familia de Dios.

23Ahora, hermanos, Dios me es testigo, que si aún no he ido a Corinto a visitaros, ha sido por no haceros objeto de reproches. 24Porque en ningún caso quisiéramos erigirnos en señores de vuestra fe, gracias a la cual permanecébis firmes. Lo que de veras deseamos es contribuir a vuestro gozo.