King James Version

Psalm 28

1Unto thee will I cry, O Lord my rock; be not silent to me: lest, if thou be silent to me, I become like them that go down into the pit.

Hear the voice of my supplications, when I cry unto thee, when I lift up my hands toward thy holy oracle.

Draw me not away with the wicked, and with the workers of iniquity, which speak peace to their neighbours, but mischief is in their hearts.

Give them according to their deeds, and according to the wickedness of their endeavours: give them after the work of their hands; render to them their desert.

Because they regard not the works of the Lord, nor the operation of his hands, he shall destroy them, and not build them up.

Blessed be the Lord, because he hath heard the voice of my supplications.

The Lord is my strength and my shield; my heart trusted in him, and I am helped: therefore my heart greatly rejoiceth; and with my song will I praise him.

The Lord is their strength, and he is the saving strength of his anointed.

Save thy people, and bless thine inheritance: feed them also, and lift them up for ever.

Nueva Versión Internacional (Castilian)

Salmos 28

Salmo de David.

1A ti clamo, Señor, roca mía;
    no te desentiendas de mí,
porque, si guardas silencio,
    ya puedo contarme entre los muertos.
Oye mi voz suplicante,
    cuando a ti acudo en busca de ayuda,
    cuando tiendo los brazos hacia tu lugar santísimo.
No me arrastres con los malvados,
    con los que hacen iniquidad,
con los que hablan de paz con su prójimo,
    pero en su corazón albergan maldad.
Págales conforme a sus obras,
    conforme a sus malas acciones.
Págales conforme a las obras de sus manos;
    ¡dales su merecido!
Ya que no tienen en cuenta las obras del Señor
    y lo que él ha hecho con sus manos,
él los derribará
    y nunca más volverá a levantarlos.

Bendito sea el Señor,
    que ha oído mi voz suplicante.
El Señor es mi fuerza y mi escudo;
    mi corazón en él confía;
    de él recibo ayuda.
Mi corazón salta de alegría,
    y con cánticos le daré gracias.

El Señor es la fortaleza de su pueblo,
    y un baluarte de salvación para su ungido.
Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad,
    y cual pastor guíalos por siempre.